21 marzo 2013


¿Y cuando te declaran cáncer…?


Hay años que son desafortunados en nuestras vidas y el año 2003 fue uno de esos años “malditos” para mi (hasta la fecha sigo padeciendo los estragos que dejó).

Quiero hacer la aclaración de que lo que voy a contar esta vez no significa que una no vaya al medico regularmente o se deseche el diagnostico solo porque no es de acuerdo a lo que nosotros esperamos (ese es un grave error que te puede costar la vida). Al contrario, siempre hay que agotar todas las opciones existentes.

Era un miércoles de febrero del 2003 cuando lo conocí… un hombre muy alto, estilo norteño, caballeroso, trovador, de buenos modales, cariñoso, el “clic” fue inmediato. Ese día fuimos a comer al “Rincón Argentino” en Santa Fe (yo trabajaba allá). Platicamos, comimos, reímos, descubrimos demasiadas cosas en común, empatamos ideales, conocí su historia, el escucho la mía, ambos somos de gustos sencillos y había mucho que aprender el uno del otro… desde ese momento supimos que queríamos estar juntos por siempre.

Al siguiente lunes que volvimos a vernos me pidió que fuera su novia de una manera muy romántica: pasó por mí a la oficina y fuimos a tomar una copa al “Hostal de Cortés”, ya saben: trova, cero luz eléctrica sólo candeleros en cada mesa; una fuente con velitas flotantes, casualmente había luna, la noche perfecta para el romance. No faltaron las rosas rojas.

Cada que podía pasaba a verme a la oficina (mega esfuerzo si consideran que el trabajaba en Tula) y nos veíamos cada semana. Como todas las parejas, nuestros encuentros eran todos llenos de pasión y romance.

Un mes después vino el choque. Nada grave (afortunadamente) pero si requerí de estar yendo a terapia durante varias semanas. El lugar en donde tomaba las rehabilitaciones era una clínica de una prestigiada empresa aseguradora que se encuentra en palmas junto a la iglesia de la Covadonga (¿quieren mas referencias o ya saben que es la de GNP?). Era una clínica que contaba con todos los servicios traumatología, ortopedia, ginecología, etc. Y pues por ser de la aseguradora digamos tiene su “prestigio”

Un día se me ocurrió pasar al servicio de ginecología. Yo no tenía ginecólogo de cabecera y me pareció una buena idea hacerme un chequeo; hice mi cita y me prepare para mi chequeo. Llego el día… he de decir que no fue una experiencia agradable (aunque el doctor me trato con respeto me hizo sentir incomoda). Me hizo los chequeos de rutina y tomó la muestra que necesitaba para el Papanicolaou.

A la semana siguiente fui a recoger mis resultados del estudio. Recuerdo perfecto que era jueves y a la siguiente semana era Semana Santa. El doctor me recibió, tuvimos la conversación de rigor en lo que la enfermera le pasaba el resultado del estudio y abrió el sobre. El resultado era el siguiente (en español): células cancerígenas en cérvix “in situ” en grado 4… me quedé en “shock”, el doctor también estaba sorprendido por el resultado, el sugirió un nuevo estudio mas a fondo que nos sacara de dudas pero que solamente lo practicaban en la sucursal del sur y que tendría que ser al siguiente sábado después de la semana santa… prácticamente había que esperar 15 días.

Salí del consultorio todavía desconcertada, no entendía que pasaba, no sabia que hacer, no sabia que decir, no sabia que pensar, ¿A dónde ir? ¿Cómo se lo diría a mi familia? ¿Mi novio? ¿Mis amigos? ¿Tendría que renunciar a la vida? ¿Cómo pagar el tratamiento? Y obvio viene el ¿Por qué yo? ¿Cómo fue? ¿Por qué no sentí nada? Y una larga lista de etcéteras.

Me subí al auto y arranque… me dirigí a casa pensando que hacer… la primer decisión fue no decirles nada a mis padres hasta que estuviera segura de lo que estaba pasando (no quería volverles a dar otro dolor), la siguiente fue decirle al “galán” lo que estaba ocurriendo y a enfrentar las cosas como vinieran. 

En cuanto llegué a casa hablé con él… ¡se quedó en silencio! (en ese momento pensé que me iba a quedar sin novio). Me preguntó que me había dicho el médico… que le dijera textualmente lo que dijo… repetí lo mas aproximado los comentarios del médico. El me dijo que todo iba a estar bien y que no me preocupara; que lucharíamos con todo para vencer tan terrible enfermedad (he de decirles que queríamos un bebe) que nos veíamos el sábado para platicar y ponernos de acuerdo sobre lo que íbamos a hacer.

La llamada con él me reconforto mucho y por lo menos esa noche estuve tranquila en casa y no dije nada a mis padres. 

Al día siguiente (viernes) de esas cosas que nunca pasan mi mamá y yo nos quedamos platicando en la sala de la casa. Papá  no estaba, solo éramos ella y yo… Siempre puedo ser muy fuerte ante cualquier problema o persona y mantengo la calma, pero ante ella siempre pierdo el “control” y me “doblo” y esa noche no fue la excepción: simplemente me arrodille frente a ella, le pedí perdón por enfermarme (otra vez) y le dije todo lo que estaba pasando. Obviamente ella rompió en llanto también, me dijo que no tenia nada que perdonarme y que lo primero que haríamos seria hablar con mi tía Luz –ella es una gran medico- para saber que procedía. Acordamos no decirle nada a papá, solo lo convenceríamos de ir a visitar a mi tía al día siguiente.

Y así lo hicimos… fue durante la cena que dimos la noticia. Todos se quedaron en silencio y mi tía lo primero que dijo fue: ¡No puede ser! ¡Eres muy sana y ni siquiera haz tenido problemas de infecciones! Leyó el resultado de los estudios negando con la cabeza y su comentario fue: este doctor está pendejo… si tuvieras cáncer en grado cuatro  ni siquiera podrías levantarte de la cama porque estarías agonizando, la mayoría de las personas mueren en el grado 3. Las tres mujeres nos levantamos de la mesa y nos fuimos al consultorio… Mi papá, mi abuelo y su hermano se quedaron ahí.

Mi tía me reviso y no me encontró nada y –contario a lo que pensábamos- consiguió de forma inmediata todas las citas que necesitaba para hacerme los estudios para descartar el diagnostico. Y así fue… el lunes a primera hora estábamos en un laboratorio en Polanco para hacerme exámenes y todo. El resultado de los exámenes es que estaba sana ¡no existían rastros de nada, ni siquiera de una infección! 

Yo soy de las afortunadas que puedo agradecer que el diagnostico que me dieron no fue acertado. Viví 5 días de terror y eso me hace sentir muy empática con las personas con tan terrible diagnostico.

En lo que quiero hacer mucho énfasis es en que NUNCA se queden con solo un diagnóstico. Aunque sepas/creas que tu doctor es el mejor, no esta de más una segunda opinión. Sobre todo en el caso de enfermedades tan graves como lo es el cáncer, ya que desafortunadamente en nuestro país la calidad de los médicos y sus servicios va de mal en peor.

Nunca sabremos que fue lo que pasó… a veces mi má y yo dejamos volar la imaginación pensando que pudo haber pasado… ¿intercambiaron los resultados con los de otra paciente? ¿habra muerto la paciente con diagnostico de salud? ¿Qué habría pasado si demandamos?

Esto solo fue el principio de una serie de eventos que hicieron que el 2003 fuera un año que quisiera olvidar y sin embargo, todavía me hacen llorar…